GUSTAVO DI MARIO
Entrevista por Alejo Durán y Juan Ignacio Moralejo

Fotógrafo autodidacta nacido en Morón en 1969.



______________________________________________Gustavo en los años noventas



¿Podés detectar el momento en que te empezaste a interesar por la imagen?

No. Lo que siempre me interesó fue conocer gente.

¿La fotografía como excusa para lograr eso?
Sí, para poder meterme en mundos ajenos.

¿Tiene una cuestión antropológica en vos?
Así dicen. Yo no se.

Lo que me imagino de vos es que viajas por las provincias argentinas, buscando gente y lugares.
Sí. En realidad es muy difícil ir a un lugar si no conocés a nadie. Entonces trato de estar atento: si me entero de alguna fiesta o que un conocido tiene un pariente, me subo al auto y voy.

¿Y cómo es el momento de abordar a un extraño y pedirle de sacar un retrato? ¿Te da vergüenza?
No. Soy bastante inconciente. Creo que si te detenés a pensar, no hacés nada. Si entrás con una duda, no te va a funcionar. O le saco la foto o quedo en algo para sacarle la foto en otro momento.

¿Qué porcentaje aproximado hay de gente que acepta y que rechaza el pedido?
Un 20% que no acepta.





Hay gente que retratás que pareciera no tener conciencia de donde van a terminar esas fotos, pero lo interesante que es que no se percibe una relación de superioridad tuya con el sujeto, o de explotación.
Es que trato de tener un contacto, mandarles algo. Al que le interesa, claro.

¿Aunque también hay una cuestión legal, no? ¿Si hacés una muestra con esas fotos, necesitás su consentimiento?
Sí. Pero soy un desastre, no llevo un registro de el contacto de cada foto. Sería imposible para mí. Me pasó hace poco que hice una campaña para una marca de zapatillas, en una maratón en Alemania donde había 50.000 personas corriendo. Yo sacaba fotos de todo y tenía 5 asistentes que tomaban los datos de cada retratado... se volvieron locos, me odiaron. Por lo menos cada maratonista tenían un número, entonces no era tan difícil perderlos. Pero eso era para una campaña, es distinto si es para mi carpeta personal, hay una gran diferencia.

Casi lo opuesto. Con algunas fotos tuyas siento que conviviste bastante tiempo con el retratado.
Hay muchos fotógrafos que hacen eso. A mí me encantaría pero no lo hago mucho. En un pueblo que no conozco tal vez sí trato de quedarme para que sea mas suave el proceso. Ademas por la cámara que llevo y la ropa que uso, a los dos días ya me conoce medio pueblo. Y está bueno compartir otra cosa, emborracharme con ellos. A veces la intimidad sucede después de la foto y no antes. Es que para mí es más groso lo que me acuerdo de la situación, que la foto en sí.

¿Las fotos que le sacaste a Mariana Schurink en la muestra en Dabbah Torrejón eran en ese departamento de Nueva York donde convivían todos juntos?

Sí, pero a ella la conozco hace 15 años más o menos.

¿Qué diferencia hay entre sacar fotos a un conocido y un desconocido?
Es mucho más difícil para mí retratar a alguien que conozco mucho. No me gusta conocer a la gente que le saco una foto.



Es muy extraño eso, porque decías que lo que te gustaba de sacar fotos era conocer gente.

Pero el momento del encuentro es muy interesante, cuando no sabemos quienes somos ni vos ni yo.

¿Cómo empezó la idea del libro Potrero?
Tenía un amigo que jugaba al fútbol en la C, en Almirante Brown. Iba y le sacaba fotos a él. Y un tipo una vez en Nueva York me dijo que iba a hacer una revista de fútbol para el Mundial del 2002 y me dió una lista de jugadores de jugadores argentinos imposibles de conseguir. Obviamente la parte más fácil es hacer las ligas inferiores, pero conseguir a las estrellas, aunque les digas que es para una revista importante, ni te registran. Pero seguí sacando fotos de eso y empecé a tener un grupo bastante grande de fotos. Y un día estaba en la casa de Egle Martin, que es la suegra de Gustavo Santaolalla; en una situación medio incómoda mis carpetas estaban en una mesa y el tipo se interesó y me dijo que hagamos varios proyectos: Primero el de fútbol y después el de los gauchos. Entonces fotografié dos años más sobre eso. Era algo que hacía paralelamente los fines de semana. Tengo una amigo que es de Entre Ríos entonces me enteraba de cosas, o escuchando una radio, me fijo que días son las jineteadas.





¿Vas camuflado de jinete?

No puedo... ja. No me da el target, pero trato. Pero esta buenísimo, ya me conocen, hace cuatro años que voy. Ahora ya paré con eso, tengo mucho material.

¿Y cuándo se edita?
Estamos en eso, la idea es que sea el año que viene.

¿Cómo fue que consiguieron a Maradona para el prólogo de Potrero?
Esa era idea de Santaolalla y por medio de Claudia, la ex-mujer, hicieron una onda y el chabón escribió.

¿Surgieron otros proyectos gracias a ese libro?
Sí. El último fue un viaje a Africa, cubriendo para Puma, el campeonato de fútbol africano. Me encantó, porque no tenía que sacar solamente fútbol sino todo lo que quisiera, hacer un relevamiento de todo lo que sucediera en ese mes. Pude laburar completamente libre y me sentí muy cómodo. Además siempre quise ir a Africa y me mató la cabeza. La gente es muy amable, me hice muchos amigos, algunos me llaman a las cinco de la mañana de acá. Y algo bastante fuerte es ir a una escuela de fútbol donde van los pibes de toda Africa, con los entrenadores italianos que van a buscarlos.

¿Qué pudiste percibir en todo este tiempo de retratar jugadores de fútbol que quieren llegar a las ligas mayores? ¿Se nota mucho desgaste y sufrimiento o lo disfrutan?
En Argentina el fútbol es re duro, es una carrera muy corta y después los dejan en la nada. Casi como los modelos... pero ponen más el cuerpo. Me engancho mucho con la historia de cada uno, entonces me pega mal cuando veo que de todos los que fotografié ahora quedan sólo tres jugando.



Me acuerdo una nota sobre una muestra tuya donde Victoria Lescano escribió "la pasarela del potrero".
Es que son todos personas. El descarte es continuo y hay gente que no se la banca. Encima ahora estoy sacando fotos de boxeadores, y es más fuerte todavía ese proceso.






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