¿Ves a Buenos Aires como un pueblo a veces?
Nueva York me pareció más pueblo que Buenos Aires. En un momento me pasó eso; se me hizo de tres cuadras a la redonda.
¿Pese a que un sector de Buenos Aires está cada vez más tendiente hacia la idea de diseño, lográs encontrar cosas genuinas?
Sí, claro. Pero no en la moda. Justo un chico que ganó el Semillero UBA, Daniel Turner, vive a diez cuadras de mi casa, y siento que tiene una intención parecida a lo que se veía antes: hacer por hacer, buscar algo, querer decir algo.
¿Estás en un punto donde podés proponer y no simplemente adherir a esa corriente comercial?
Muy difícil poder hacerlo, pero sí, lo intento. Tengo una anécdota muy puntual: Vivía en Nueva York y en momento tuve la posibilidad de publicar en i-D. Que con ellos hay cientos de fotógrafos que les revolean por la cabeza notas gratis y ellos eligen cual quieren. Entonces me aprueban, hago la nota y totalmente de casualidad la hice sobre los musulmanes. La nota tenía que salir en Septiembre del 2001... Ja y ahí dije, ya fue, no depende de mí.
Ese momento fue muy reaccionario.
Sí, la belleza en las revistas en ese momento cambió absolutamente. Todo para "arriba", nada puede dar sensación de bajón. Se volvió como 30 años atrás de un mes para el otro. Ahora está un poco mejor, pero igual sigue todo raro.
_________________Ceferino Namuncurá y Mario Sorrenti en su época como modelo
_____________El fotógrafo argentino Franco Musso, también en sus días de modelo
¿Y cómo fue la experiencia de trabajar en Nueva York?
Surgió ir en Abril de 1999, porque en un momento había como diez amigos que vivían todos en el mismo departamento y pensé "¿qué hago acá en Buenos Aires?" Al final se volvieron todos mi amigos y yo me quedé 6 años. Lo que hacía ahí era fotografiar mi barrio, Washington Hights; y en moda, trabajaba haciendo los test de una agencia de modelos muy conocida llamada Woman.
¿Cómo es el panorama ahí, para un fotógrafo latinoamericano?
Hay una competencia terrible, tenaz. Pero encontré como un nicho, gente que le gustaba lo que hacía. Pero lo que caminé con mis carpetas ahí... Esta buenísimo lo que aprendés, pero en momento decís basta. Me quemé, es insoportable el lobby constante. Igual tenía un agencia holandesa que me contactaba, pero me hartó la ciudad, me hartó la política norteamericana, me causaba mucho rechazo. Y con todo lo que me gustaba de Nueva York, que era el mix cultural... empecé a ver que estaba lo peor de cada cultura, el que quiere ser gringo.
¿En Argentina también tuviste que caminar mucho?
Acá me costó mucho empezar. Me acuerdo una frase muy hija de puta que me dijeron una vez: "Necesitamos alguien sin talento pero con técnica". Listo, gracias... Y eso te lo decía la gente que manejaba las cinco mejores campañas del país.
¿Con la cámara digital como es tu relación?
La detesto. Me acabo de comprar una cámara digital pulenta pero no es lo mismo. Pero simplemente lo hago porque si no quedás fuera del mercado.
¿Cómo se está manejando el mercado?
A cara de perro. No importa nada y además es por una cuestión de presupuesto. Mis laburos personales los sigo haciendo en película y cuando el cliente se da cuenta que el resultado es distinto y le interesa, hacemos en película. El trabajo que hice en Africa, lo saqué con rollo y salía fortunas, pero lo valoraban.
¿Qué sentís que se pierde con la digital?
En una época mía muy conflictiva con la cámara digital, un pibe fotógrafo en Tucumán me dijo algo, un concepto, con lo que entendí el asunto: "La digital es un cuadro de video, no es fotografía, no es un proceso químico y nunca se puede comparar". Ahí me quedé tranquilo, ahí entendí.
¿En tu archivo personal qué tan ordenado sos?
Muy ordenado. Bah... los negativos están ordenados. Es que soy muy de armarme cuadernos donde corto y pego fotos. La mayoría de los fotógrafos creo que tienen una carpeta de contacto-negativo, contacto-negativo... y yo no. Para mí son como figuritas las fotos, necesito moverlas, necesito cortarlas.