ESTETICO NO ETICO
Texto de Juan Ignacio Moralejo





Hace poco me topé con la imagen de un estallido de bomba atómica y mi primer reacción fue quedar fascinado ante los colores, texturas y atmósferas creadas por esa enorme explosión. Me puse a buscar más por internet, pero pronto sobrevino otra sensación: de culpa, por ver belleza en algo con fines belicistas, ya sea en el campo de guerra, donde muchos perecieron a causa de sus efectos, o detonado en tierras desérticas con fines de experimentación que atentan contra el ecosistema del planeta.

La disociación ética - estética, me retrotrajo inmediatamente a la semana después del atentado a las Torres Gemelas, cuando el músico alemán avant-garde Karlheinz Stockhausen dijo en una conferencia de prensa: "Ese ataque terrorista fue la más grande obra de arte jamás realizada." Luego de estos dichos sus conciertos previstos para esas semanas fueron cancelados, al acusársele de terrorista. No se le permitió descontextualizar el hecho artísticamente, aunque estuviese en contra de todo acto violento.

Otros ejemplo de goce meramente visual ante lo que sucedía, se daba cuando por televisión ante las repetidas secuencias -en cámara lenta similar al final de Zabriskie Point- del impacto de los aviones contra los edificios, muchos niños expresaban excitación y euforia, mientras las madres les explicaban que no era algo para celebrar, sino que allí habían muerto miles de personas. Pero al infante, acostumbrado a ver espectaculares explosiones en películas y video juegos, como entretenimiento diario, le costaba hacer ese discernimiento.

La tensión producida por acciones moralmente inaceptables pero visualmente fascinantes. Algo que parece complicado de reconocer, pero común, en una época propensa a confundir la ficción con la realidad y la realidad con la ficción.